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Como puedo ayudar a mi hijo con TDAH

Autora: Alejandra Martín Pais

Psicopedagoga y psicóloga

como puedo ayudar a mi hijo con tdah

Como puedo ayudar a mi hijo con TDAH: comprender y acompañar.

Ayudar a un hijo con TDAH no consiste en castigar más ni en permitirlo todo. Consiste en comprender cómo funciona, crear estructura, acompañar sus emociones y enseñarle estrategias para ganar autonomía.

Comprender el TDAH: no es falta de educación ni falta de voluntad

Cuando una familia recibe el diagnóstico de TDAH de su hijo, muchas veces aparece una mezcla de alivio, miedo, culpa y cansancio. Alivio porque por fin hay una explicación para muchas dificultades del día a día. Miedo porque no siempre se sabe qué implica el diagnóstico. Culpa porque muchos padres se preguntan si han hecho algo mal. Y cansancio porque, antes de llegar a consulta, suelen llevar años escuchando frases como “no se esfuerza”, “es muy despistado”, “no atiende”, “interrumpe todo el tiempo”, “no termina nada” o “parece que no quiere obedecer”.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, conocido como TDAH, es un trastorno del neurodesarrollo. Esto significa que afecta al modo en que el niño regula la atención, la actividad, los impulsos, la planificación, la memoria de trabajo y, en muchos casos, la emoción.

Un niño con TDAH no quiere molestar

Un niño con TDAH no se comporta así para molestar. Tampoco significa que no tenga límites, que sea maleducado o que no le importe lo que se le pide. Muchas veces sí quiere hacerlo bien, pero no sabe cómo sostener la atención, frenar el impulso, organizar los pasos o regular lo que siente.

Ahora bien, comprender el TDAH no significa justificarlo todo. El diagnóstico explica una parte de lo que ocurre, pero no elimina la necesidad de educar, acompañar, poner límites y enseñar estrategias. La clave está en cambiar la mirada: no se trata de preguntarnos “¿por qué no obedece?”, sino “¿qué necesita para poder hacerlo mejor?”.

El TDAH se acompaña desde la estructura, no desde el castigo constante

Uno de los mayores errores en casa es responder al TDAH únicamente con regaños, castigos o amenazas. Es comprensible que las familias se desborden cuando tienen que repetir lo mismo muchas veces, cuando el niño parece no escuchar, cuando pierde cosas, cuando se mueve sin parar o cuando una tarea sencilla se convierte en una batalla.

Pero el castigo constante no enseña habilidades. Puede frenar una conducta en un momento concreto, pero no le da al niño herramientas para organizarse, anticipar, esperar, recordar o autorregularse.

Los niños con TDAH necesitan que el ambiente les ayude

Los niños con TDAH suelen funcionar mejor con estructura externa. Esto significa que necesitan que el ambiente les ayude a ordenar aquello que internamente todavía les cuesta ordenar.

Por ejemplo:

  1. Un horario visible.
  2. Instrucciones cortas.
  3. Rutinas repetidas.
  4. Normas claras.
  5. Pocos estímulos alrededor.
  6. Anticipación de cambios.
  7. Refuerzos positivos.
  8. Tareas divididas en pasos pequeños.
  9. Supervisión cercana al principio.

La estructura no es rigidez. Es sostén. Es como poner barandillas mientras el niño aprende a subir la escalera solo.

Baja la exigencia verbal y aumenta la claridad

Muchas familias explican demasiado. Entran en discursos largos, justifican cada norma, repiten varias veces, elevan el tono y acaban agotadas. Pero un niño con TDAH puede perderse fácilmente cuando la instrucción es muy larga o tiene demasiadas partes.

En lugar de decir:

“Venga, por favor, recoge todo esto porque ya te he dicho mil veces que no puedes dejar la mochila tirada, luego tienes que hacer los deberes, ducharte y preparar la ropa para mañana.”

Es mejor decir:

“Primero, mochila al perchero.”

Cuando lo haga:

“Ahora, agenda encima de la mesa.”

Y después:

“Empezamos por matemáticas.”

La secuencia debe ser breve, concreta y visual siempre que sea posible. No porque el niño no entienda, sino porque necesita menos carga verbal y más guía paso a paso.

Una pauta útil es dar una instrucción cada vez, pedirle que la repita y comprobar que ha empezado. Muchas veces el problema no es que no quiera hacer caso, sino que la orden se pierde antes de convertirse en acción.

Anticipar antes de corregir

Los niños con TDAH suelen tener dificultades para prever consecuencias. Pueden saber la norma, pero no recordarla justo en el momento en que la necesitan. Por eso, anticipar funciona mejor que corregir después.

Antes de entrar al supermercado, podemos decir:

“Vamos a comprar tres cosas. Tú puedes ayudarme con la lista. La norma es caminar a mi lado y no coger productos sin preguntar.”

Antes de empezar los deberes:

“Vamos a trabajar quince minutos. Primero hacemos dos ejercicios. Después descanso corto.”

Antes de una visita familiar:

“Habrá mucha gente. Si te notas nervioso, puedes venir a decírmelo y salimos dos minutos.”

La anticipación prepara al cerebro. Reduce la improvisación, baja la impulsividad y le da al niño un mapa de lo que se espera de él.

Refuerza lo que quieres que se repita

A veces prestamos mucha atención a lo que el niño hace mal y muy poca a lo que hace bien. Esto es humano: lo que interrumpe, molesta o preocupa llama más la atención. Pero en el TDAH necesitamos invertir esa tendencia.

El refuerzo positivo no es “premiar por todo”. Es señalar de forma consciente las conductas que queremos fortalecer.

Puedes decir:

“Me ha gustado cómo has empezado sin discutir.”

“Has parado cuando te lo pedí. Eso es importante.”

“Hoy has revisado la mochila con menos ayuda.”

“Te has enfadado, pero no pegaste. Eso es autocontrol.”

“Has vuelto a la tarea aunque te distrajiste.”

El refuerzo debe ser concreto. No basta con decir “muy bien”. Es mejor nombrar exactamente qué ha hecho bien para que su cerebro sepa qué conducta debe repetir.

Los niños con TDAH suelen recibir muchas correcciones al día. Por eso necesitan también experiencias repetidas de competencia: sentir “puedo hacerlo”, “me ven”, “no todo lo hago mal”.

Las rutinas son medicina educativa

El TDAH necesita rutina. No porque el niño deba vivir en una vida rígida, sino porque la rutina reduce la cantidad de decisiones que tiene que tomar.

Si cada tarde hay que negociar cuándo estudiar, cuándo ducharse, cuándo cenar y cuándo apagar pantallas, el desgaste familiar aumenta. En cambio, cuando el orden se repite, el niño necesita menos esfuerzo para iniciar la acción.

Una rutina sencilla de tarde podría ser:

  • Llegar a casa.
  • Merienda y descanso breve.
  • Revisión de agenda.
  • Deberes o estudio por bloques.
  • Movimiento o juego.
  • Ducha.
  • Cena.
  • Preparar mochila y ropa.
  • Tiempo tranquilo.
  • Dormir.

Lo importante es que la rutina sea visible y realista. Puede estar en una pizarra, en una hoja plastificada, con dibujos o con una lista de pasos. En niños más pequeños, los apoyos visuales son especialmente útiles. En adolescentes, puede funcionar mejor una agenda, una aplicación sencilla o un calendario semanal.

La rutina no elimina el TDAH, pero reduce el caos.

El estudio debe ser breve, activo y acompañado al principio

Muchos niños con TDAH sufren muchísimo con los deberes. No siempre por falta de capacidad, sino por la combinación de atención, memoria de trabajo, frustración, impulsividad y cansancio acumulado tras el colegio.

Para ayudarle a estudiar, conviene evitar sesiones largas y poco estructuradas. Es mejor trabajar en bloques cortos, con objetivos concretos.

Por ejemplo:

“Durante diez minutos hacemos solo los ejercicios 1 y 2.”

“Después descansamos tres minutos.”

“Luego revisamos juntos.”

También ayuda mucho estudiar de forma activa. Leer una página tres veces no siempre es eficaz. Puede ser más útil pedirle que explique con sus palabras, que haga una tarjeta de pregunta-respuesta, que subraye solo tres ideas clave o que resuelva un ejercicio de ejemplo.

En casa, la familia puede acompañar el inicio, pero no sustituir el proceso. La meta no es que dependa siempre de un adulto, sino que vaya interiorizando estrategias poco a poco.

Podemos ayudarle preguntando:

  • “¿Qué te están pidiendo?”
  • “¿Cuál es el primer paso?”
  • “¿Qué material necesitas?”
  • “¿Cómo sabrás que has terminado?”
  • “¿Quieres empezar por lo más fácil o por lo más difícil?”

Estas preguntas entrenan planificación, no solo contenido académico.

Movimiento antes de exigir concentración

A muchos niños con TDAH les pedimos concentración cuando su cuerpo está pidiendo movimiento. Después de horas sentados en clase, llegan a casa con necesidad de descargar energía. Si directamente les sentamos a estudiar, puede aparecer más resistencia, irritabilidad o inquietud.

El movimiento no es enemigo del aprendizaje. Bien utilizado, puede ser una herramienta reguladora.

Antes de estudiar, puede ayudar:

  • Caminar diez minutos.
  • Saltar a la comba.
  • Hacer una pequeña carrera.
  • Usar ejercicios de fuerza adaptados.
  • Bailar una canción.
  • Hacer respiraciones con movimiento.
  • Subir y bajar escaleras varias veces.

Después, el cuerpo suele estar más disponible para sentarse un rato. No se trata de agotar al niño, sino de ayudarle a regular la activación.

Cuidar el sueño y las pantallas

El sueño es fundamental en el TDAH. Cuando un niño duerme poco o mal, suele aumentar la irritabilidad, la impulsividad, la falta de atención y la dificultad para regular emociones.

Por eso, una de las primeras intervenciones en casa debe ser revisar la rutina de sueño:

  • Hora estable para acostarse.
  • Pantallas fuera al menos un rato antes de dormir.
  • Cena tranquila.
  • Luz más baja por la noche.
  • Evitar discusiones intensas antes de acostarse.
  • Ritual repetido: ducha, cuento, lectura, respiración o música suave.

Las pantallas también requieren límites claros. No se trata de demonizarlas, sino de comprender que muchos niños con TDAH tienen especial dificultad para cortar actividades muy estimulantes. Los videojuegos, vídeos cortos o redes pueden activar mucho el sistema de recompensa y hacer más difícil pasar después a tareas menos atractivas.

Una buena pauta es que las pantallas no aparezcan antes de tareas importantes, o que estén muy reguladas en tiempo, contenido y momento del día.

Ayudarle a regular la emoción

El TDAH no es solo atención. Muchos niños también tienen dificultades para regular la frustración, la espera, el enfado o la vergüenza. Pueden pasar de cero a cien muy rápido, llorar con intensidad, gritar, decir que no pueden, romper un papel o abandonar una tarea ante el primer error.

En esos momentos, la prioridad no es dar una lección moral larga. La prioridad es ayudar al sistema nervioso a bajar.

Podemos decir:

“Veo que estás muy enfadado.”

“Paramos un momento.”

“No voy a dejar que rompas cosas, pero sí voy a ayudarte a calmarte.”

“Respiramos y luego buscamos solución.”

“Te está costando, pero no estás solo.”

Validar no significa permitir cualquier conducta. Podemos validar la emoción y poner límite a la conducta.

“Entiendo que estés frustrado. No puedes pegar.”

“Sé que te molesta parar la pantalla. Aun así, ahora toca apagar.”

“Puedes enfadarte. No puedes insultar.”

Este equilibrio es clave: ni permisividad ni dureza emocional. Límite con vínculo.

No etiquetar: cuidar mucho el lenguaje

Los niños con TDAH escuchan demasiadas veces que son despistados, desordenados, pesados, vagos, intensos o problemáticos. Con el tiempo, esas palabras pueden convertirse en identidad.

El lenguaje familiar tiene muchísimo impacto.

No es lo mismo decir:

“Eres un desastre.”

Que decir:

“Hoy la mochila está desordenada. Vamos a ordenarla con una lista.”

No es lo mismo decir:

“Nunca prestas atención.”

Que decir:

“Te has distraído. Vuelve al primer paso.”

No es lo mismo decir:

“Siempre lo haces mal.”

Que decir:

“Esto todavía te cuesta. Vamos a practicarlo de otra forma.”

El niño no es el problema. El problema es una habilidad que todavía necesita entrenamiento.

Coordinarse con el colegio

El TDAH no se acompaña solo en casa. La escuela tiene un papel fundamental. Si el niño recibe apoyo en casa, pero en el aula se le interpreta constantemente como desobediente o desmotivado, el avance será más difícil.

Es importante mantener una comunicación clara con el centro educativo. No desde la confrontación inicial, sino desde la colaboración.

Algunas adaptaciones útiles pueden ser:

  • Sentarlo cerca del docente y lejos de distractores.
  • Dar instrucciones por pasos.
  • Comprobar que ha entendido la tarea.
  • Permitir pequeños descansos de movimiento.
  • Reducir copia innecesaria.
  • Fragmentar actividades largas.
  • Usar agenda supervisada.
  • Anticipar cambios.
  • Valorar el esfuerzo y no solo el resultado.
  • Dar más tiempo cuando sea necesario.
  • Facilitar exámenes con estructura clara.

No todos los niños con TDAH necesitan exactamente lo mismo. Por eso, las adaptaciones deben ajustarse al perfil del niño: no es igual un TDAH predominantemente inatento, uno hiperactivo-impulsivo, uno combinado, un niño con dislexia asociada o un adolescente con ansiedad y baja autoestima.

Trabajar desde la familia, no solo desde el niño

Desde una mirada sistémica, cuando un niño tiene TDAH no trabajamos únicamente con el niño. Trabajamos también con la familia, las rutinas, la comunicación, los límites, las expectativas y la forma en que todos han aprendido a relacionarse con el síntoma.

A veces, el TDAH acaba organizando toda la casa. Todo gira en torno a los deberes, las discusiones, las llamadas del colegio, las pérdidas de material, las explosiones emocionales o la sensación de “otra vez lo mismo”.

La familia puede entrar en ciclos de desgaste:

  • El niño se distrae.
  • El adulto repite muchas veces.
  • El adulto se enfada.
  • El niño se bloquea o explota.
  • Aparece castigo, culpa o discusión.
  • Al día siguiente se repite el ciclo.

La terapia familiar y la orientación a padres ayudan a romper estos patrones. No se trata de culpar a la familia, sino de darle herramientas para que deje de vivir en modo supervivencia.

Cuándo pedir ayuda profesional para ayudar a tu hijo con TDAH

Es recomendable pedir ayuda profesional cuando el TDAH afecta de forma significativa al rendimiento académico, la convivencia familiar, la autoestima, las relaciones sociales o la regulación emocional.

Algunas señales son:

  • Tardes de deberes convertidas en conflicto diario.
  • Baja autoestima o frases como “soy tonto” o “todo me sale mal”.
  • Problemas frecuentes en el colegio.
  • Impulsividad intensa.
  • Dificultad para seguir rutinas básicas.
  • Explosiones emocionales muy frecuentes.
  • Sospecha de dislexia, dificultades de aprendizaje o altas capacidades.
  • Ansiedad, tristeza o aislamiento.
  • Mucho desgaste familiar.
  • Dudas sobre diagnóstico o tratamiento.

Una evaluación adecuada permite comprender el perfil del niño y no quedarse solo en la etiqueta. Es importante valorar atención, funciones ejecutivas, lectura, escritura, aprendizaje, emoción, conducta, sueño, familia y contexto escolar.

Ayudar a tu hijo con TDAH es posible siguiendo estos pasos

Ayudar a un hijo con TDAH no significa hacerle la vida sin límites ni exigirle como si no tuviera dificultades. Significa comprender cómo funciona, adaptar el entorno, enseñarle habilidades, sostener emocionalmente y crear estructura.

Un niño con TDAH necesita adultos que no lo miren como un problema, sino como un niño que necesita más guía, más anticipación, más claridad y más oportunidades para sentirse capaz.

En HEILA acompañamos a niños, adolescentes y familias en procesos relacionados con TDAH (https://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_por_d%C3%A9ficit_de_atenci%C3%B3n_con_hiperactividad), dificultades de aprendizaje, regulación emocional, conducta y convivencia familiar. Trabajamos desde una mirada integradora, psicopedagógica y sistémica, entendiendo que el síntoma no vive aislado: aparece dentro de una historia, una familia, una escuela y una forma concreta de relacionarse con el mundo.

Porque cuando dejamos de preguntarnos “¿qué le pasa a este niño?” y empezamos a preguntarnos “¿qué necesita para poder hacerlo mejor?”, cambia la forma de acompañar.

Ponte en contacto con nosotros. Nuestro equipo de psicólogos estarán encantados de ayudarte.

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Heila Gabinete Psicopedagógico

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