Sede

Av. Juan XXIII, 16 bajo D 35004 Las Palmas de GC

CLUB TOLETE

Punto de encuentro de adolescentes

Gabinete Psicopedagógico en Las Palmas

Como puedo ayudar a mi hijo a estudiar

Autora: Alejandra Martín Pais

Psicopedagoga y psicóloga

como puedo ayudar a mi hijo a estudiar

Ayudar a tu hijo a estudiar no significa sentarte a hacerlo todo con él, sino enseñarle a organizarse, comprender, mantener la atención y ganar autonomía. Te contamos algunas claves psicológicas y psicopedagógicas para acompañar el estudio en casa.

Ayudar a estudiar no es hacer el trabajo por ellos

Una de las preguntas más frecuentes que aparecen en consulta es: “¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a estudiar?”. Muchas familias llegan agotadas, después de tardes enteras entre deberes, enfados, negociaciones, prisas, lágrimas y frases como “no lo entiendo”, “no quiero estudiar” o “esto no sirve para nada”.

Ayudar a un hijo a estudiar no significa sentarse a su lado para resolverle todos los ejercicios, corregir cada respuesta o controlar cada movimiento. Tampoco significa dejarlo completamente solo si aún no tiene las herramientas necesarias para organizarse. El verdadero acompañamiento está en un punto intermedio: estar presente sin invadir, guiar sin sustituir, sostener sin hacer por él.

Desde la psicología y la psicopedagogía sabemos que el aprendizaje no depende únicamente de la inteligencia o de las horas que un niño pasa delante de los libros. También influyen la motivación, la atención, la regulación emocional, la autoestima, el ambiente familiar, el descanso, la relación con el error y las estrategias de estudio que utiliza.

Por eso, cuando una familia quiere ayudar a su hijo a estudiar, lo primero que necesitamos revisar no es solo “cuánto estudia”, sino cómo está estudiando, desde qué emoción lo hace y qué papel ocupa la familia en ese proceso.

El objetivo no es que estudie más, sino que estudie mejor

Muchas veces se asocia estudiar con pasar mucho tiempo sentado delante del libro. Sin embargo, más tiempo no siempre significa más aprendizaje. Un niño puede estar una hora mirando una página sin comprenderla, copiando frases de memoria o repitiendo contenido sin integrarlo realmente.

Estudiar mejor implica aprender a organizar la información, comprenderla, recordarla y saber aplicarla. Para ello, no basta con leer varias veces el tema. De hecho, una de las estrategias menos eficaces suele ser releer de forma pasiva sin comprobar si realmente se ha entendido.

Algunas técnicas con mayor respaldo científico son la práctica de recuperación —intentar recordar sin mirar—, el estudio espaciado en varios días y la elaboración de preguntas sobre el contenido. En otras palabras, no se trata solo de “meter información”, sino de ayudar al cerebro a recuperarla, relacionarla y consolidarla.

Por ejemplo, en lugar de decirle: “Léete el tema tres veces”, podemos decirle:

“Vamos a leer este apartado y después me cuentas con tus palabras qué has entendido.”

“Ahora cerramos el libro y vemos qué recuerdas.”

“Si tuvieras que explicárselo a un niño más pequeño, ¿cómo lo dirías?”

“¿Qué pregunta crees que podría caer en el examen?”

Este cambio parece pequeño, pero transforma por completo la forma de estudiar. El niño deja de ser un lector pasivo y empieza a participar activamente en su propio aprendizaje.

Crear una rutina clara y realista

Los niños y adolescentes necesitan estructura. No una estructura rígida, militar o basada en el miedo, sino una rutina previsible que les ayude a saber qué toca hacer, cuándo empieza y cuándo termina.

Una buena rutina de estudio debe ser realista. Si un niño está agotado después del colegio, actividades extraescolares y deberes, quizá no tiene sentido pedirle dos horas seguidas de concentración. Es mejor organizar tiempos más breves, con descansos y objetivos concretos.

Por ejemplo:

  1. Primero revisamos la agenda.
  2. Después vemos qué tareas hay que hacer.
  3. Ordenamos por prioridad: lo urgente, lo difícil y lo que requiere más concentración.
  4. Dividimos el trabajo en partes pequeñas.
  5. Terminamos revisando qué queda pendiente para el día siguiente.

Una rutina eficaz no debería depender cada día de una batalla. Si todas las tardes hay que volver a negociar desde cero, el estudio se convierte en un conflicto familiar. En cambio, cuando hay una estructura repetida, el niño anticipa lo que va a pasar y se reduce parte de la resistencia.

No se trata de que siempre tenga ganas. Se trata de construir un hábito.

Preparar el ambiente: menos distracciones, más calma

El entorno influye muchísimo en la atención. No podemos pedir concentración si el niño estudia con la televisión encendida, el móvil cerca, la tablet disponible o en un espacio lleno de estímulos.

Lo ideal es que tenga un lugar de estudio tranquilo, con buena luz, material preparado y pocas distracciones. No hace falta que sea un despacho perfecto, pero sí un espacio que su cerebro asocie con concentración.

Algunas recomendaciones sencillas son:

  1. Evitar pantallas cerca salvo que sean necesarias para la tarea.
  2. Tener solo el material que va a utilizar.
  3. Usar una mesa despejada.
  4. Mantener una hora parecida de inicio.
  5. Anticipar cuánto tiempo va a durar.
  6. Usar temporizadores visuales si le cuesta gestionar el tiempo.

En niños con dificultades atencionales, ansiedad o problemas de planificación, el ambiente debe ser todavía más claro. Cuanto más desorden externo hay, más esfuerzo interno necesita hacer el niño para sostener la atención.

No empezar por el enfado: primero regular, luego estudiar

Un niño desbordado emocionalmente no aprende bien. Si empieza a estudiar llorando, enfadado, bloqueado o con miedo a equivocarse, su sistema nervioso estará más centrado en protegerse que en aprender.

Antes de exigir concentración, necesitamos ayudarle a regularse. Esto no significa permitir que evite siempre la tarea, sino comprender que el estado emocional es la puerta de entrada al aprendizaje.

Podemos ayudarle diciendo:

“Veo que estás muy frustrado. Vamos a parar dos minutos y respiramos.”

“Entiendo que esto te está costando. Lo hacemos paso a paso.”

“No pasa nada por no saberlo todavía. Vamos a buscar la forma.”

“Primero nos calmamos y luego seguimos.”

La calma del adulto es una herramienta educativa. Si el niño se bloquea y el adulto también se desborda, la tarde se convierte en una lucha de poder. En cambio, cuando el adulto sostiene el límite con serenidad, el niño puede volver poco a poco a la tarea.

Acompañar para ayudar a tu hijo a estudiar sin sustituir

Uno de los errores más frecuentes es que la familia acabe haciendo de profesora particular, correctora, agenda, memoria externa y responsable última de los deberes. Esto ocurre desde el amor y desde la preocupación, pero puede generar dependencia.

Si cada vez que el niño no sabe algo, el adulto se lo resuelve rápidamente, el mensaje que recibe es: “No puedo hacerlo solo”. En cambio, si el adulto lo guía con preguntas, le ayuda a pensar y le devuelve la responsabilidad de forma ajustada, el mensaje cambia: “Puedo intentarlo, equivocarme y aprender”.

Acompañar puede ser:

  • Ayudarle a entender qué le están pidiendo.
  • Pedirle que lea el enunciado en voz alta.
  • Hacerle preguntas para que piense.
  • Ayudarle a dividir una tarea grande en pasos pequeños.
  • Revisar juntos al final, no corregir cada segundo.
  • Animarle a detectar sus propios errores.

Lo importante es que el adulto no se convierta en el protagonista del aprendizaje. El protagonista debe seguir siendo el niño.

Enseñarle a estudiar: nadie nace sabiendo

A veces damos por hecho que un niño sabe estudiar porque ya está en Primaria, Secundaria o Bachillerato. Pero estudiar es una habilidad compleja que también necesita enseñanza.

Muchos niños no saben hacer un esquema, no saben subrayar, no distinguen ideas principales de secundarias, no saben organizarse para un examen o creen que estudiar es memorizar palabra por palabra.

Por eso, en casa podemos ayudar enseñando estrategias concretas:

  1. Leer primero para comprender, no para memorizar.
  2. Subrayar solo palabras clave, no párrafos enteros.
  3. Hacer esquemas visuales.
  4. Crear tarjetas de preguntas y respuestas.
  5. Explicar el tema en voz alta.
  6. Hacer pequeños simulacros de examen.
  7. Repasar varios días antes, no solo la tarde anterior.
  8. Relacionar lo nuevo con algo que ya sabe.

Una buena pregunta para hacerle es: “¿Cómo sabes que ya te lo sabes?”. Si la única respuesta es “porque lo he leído”, probablemente todavía no está preparado. Si puede explicarlo, responder preguntas, poner ejemplos o resolver ejercicios sin mirar, entonces el aprendizaje está más consolidado.

Cuidar la autoestima académica

Cuando un niño escucha constantemente “eres vago”, “no te esfuerzas”, “siempre igual”, “no prestas atención” o “parece mentira que no lo sepas”, puede empezar a construir una imagen de sí mismo basada en la incapacidad.

La autoestima académica influye mucho en la forma en que un niño se enfrenta al estudio. Si cree que no puede, evitará intentarlo. Si siente que todo lo hace mal, se bloqueará. Si solo recibe atención cuando falla, puede asociar el aprendizaje con tensión y juicio.

Esto no significa felicitarlo todo de manera artificial, sino reconocer el proceso:

“Hoy te has organizado mejor.”

“Te ha costado, pero no abandonaste.”

“Has pedido ayuda en vez de enfadarte.”

“Este ejercicio no salió bien, pero ya sabemos qué hay que practicar.”

“Me gusta cómo has pensado la respuesta.”

El esfuerzo, la estrategia y la perseverancia deben tener más protagonismo que la nota. Cuando solo se valora el resultado, el niño aprende a temer el error. Cuando se valora el proceso, aprende a mejorar.

¿Y si mi hijo no quiere estudiar?

Cuando un niño no quiere estudiar, conviene mirar más allá de la conducta. No siempre es desinterés. A veces hay cansancio, frustración, miedo a fallar, dificultades de comprensión lectora, problemas de atención, ansiedad, baja autoestima, falta de hábitos o una historia repetida de fracaso.

Antes de etiquetarlo como “vago”, es importante preguntarse:

  • ¿Comprende lo que lee?
  • ¿Sabe organizarse?
  • ¿Puede mantener la atención?
  • ¿Tiene demasiada carga de tareas?
  • ¿Duerme bien?
  • ¿Hay ansiedad ante los exámenes?
  • ¿Se siente capaz?
  • ¿Necesita apoyo psicopedagógico?
  • ¿Puede haber TDAH, dislexia u otra dificultad específica de aprendizaje?

La conducta de evitación muchas veces es la punta del iceberg. El niño dice “no quiero”, pero por debajo puede haber un “no puedo”, “no sé cómo”, “me da miedo equivocarme” o “estoy cansado de sentir que fallo”.

El papel de la familia en el estudio: sostener, ordenar y confiar

La familia tiene un papel fundamental en el aprendizaje, pero no desde el control excesivo. La investigación sobre implicación parental muestra que no toda ayuda tiene el mismo efecto. El acompañamiento basado en la autonomía, la estructura y la comunicación suele ser más beneficioso que la ayuda invasiva, controladora o centrada únicamente en el resultado.

Esto significa que la familia puede ayudar mucho cuando:

  • Establece rutinas.
  • Transmite calma.
  • Se interesa por el proceso.
  • Ayuda a organizar.
  • Refuerza la autonomía.
  • Mantiene comunicación con el centro educativo.
  • Detecta señales de dificultad.
  • Pide ayuda profesional cuando algo no avanza.

Pero puede dificultar el proceso cuando:

  • Hace los deberes por el niño.
  • Corrige desde la crítica.
  • Convierte cada tarde en una pelea.
  • Compara con hermanos o compañeros.
  • Exige sin enseñar estrategias.
  • Solo valora las notas.

Acompañar el estudio no es controlar cada paso. Es crear las condiciones para que el niño pueda ir caminando cada vez con más seguridad.

Cuándo pedir ayuda profesional para ayudar a tu hijo a estudiar

Puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicología o la psicopedagogía si observamos que el estudio genera un malestar intenso o persistente.

Algunas señales de alerta son:

  • Llanto frecuente ante deberes o exámenes.
  • Bloqueos constantes.
  • Dificultades importantes para leer o escribir.
  • Olvidos muy frecuentes.
  • Desorganización extrema.
  • Problemas para comprender enunciados.
  • Excesiva lentitud.
  • Rechazo intenso al colegio.
  • Baja autoestima académica.
  • Ansiedad ante las notas.
  • Sospecha de TDAH, dislexia, altas capacidades u otras necesidades específicas.

En estos casos, no se trata solo de “poner más horas”. A veces el niño necesita una evaluación adecuada para comprender qué está ocurriendo y diseñar un plan de intervención ajustado a sus necesidades.

Ayudar a estudiar es acompañar

En definitiva, ayudar a un hijo a estudiar no es hacerle el camino, sino enseñarle a caminarlo. Es acompañar desde la calma, poner estructura, enseñar estrategias, cuidar la autoestima y favorecer poco a poco su autonomía.

El objetivo no es que dependa siempre de un adulto para estudiar, sino que aprenda a conocerse, organizarse, tolerar el error y descubrir qué estrategias le ayudan a aprender mejor.

En Heila trabajamos con niños, adolescentes y familias para mejorar los hábitos de estudio, la autonomía, la atención, la motivación y la relación emocional con el aprendizaje. Porque estudiar no debería convertirse en una batalla diaria, sino en un proceso progresivo de confianza, orden y crecimiento.

Referencias bibliográficas

Cepeda, N. J., Pashler, H., Vul, E., Wixted, J. T., & Rohrer, D. (2006). Distributed practice in verbal recall tasks: A review and quantitative synthesis. Psychological Bulletin, 132(3), 354–380. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.3.354

Cooper, H., Robinson, J. C., & Patall, E. A. (2006). Does homework improve academic achievement? A synthesis of research, 1987–2003. Review of Educational Research, 76(1), 1–62. https://doi.org/10.3102/00346543076001001

Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., & Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques: Promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266

Hill, N. E., & Tyson, D. F. (2009). Parental involvement in middle school: A meta-analytic assessment of the strategies that promote achievement. Developmental Psychology, 45(3), 740–763. https://doi.org/10.1037/a0015362

Karpicke, J. D., & Roediger, H. L. (2008). The critical importance of retrieval for learning. Science, 319(5865), 966–968. https://doi.org/10.1126/science.1152408

Núñez, J. C., Epstein, J. L., Suárez, N., Rosário, P., Vallejo, G., & Valle, A. (2017). How do student prior achievement and homework behaviors relate to perceived parental involvement in homework? Frontiers in Psychology, 8, 1217. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01217

Panadero, E. (2017). A review of self-regulated learning: Six models and four directions for research. Frontiers in Psychology, 8, 422. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.00422

Patall, E. A., Cooper, H., & Robinson, J. C. (2008). Parent involvement in homework: A research synthesis. Review of Educational Research, 78(4), 1039–1101. https://doi.org/10.3102/0034654308325185

Xu, J., Núñez, J. C., Cunha, J., & Rosário, P. (2024). Parental homework involvement and students’ achievement: A three-level meta-analysis. Psicothema, 36(1), 1–11.

Heila Gabinete Psicopedagógico

Las Palmas de Gran Canaria

Últimos artículos

que es el apego
Qué es el apego

¿Qué es el apego? Una mirada profunda al vínculo que nos define ¿Qué es el apego? Más allá de una palabra de moda, el apego

Leer más »
decisiones bajo presión
Decisiones bajo presión

Decisiones bajo presión: cómo tomar las mejores elecciones incluso en épocas de estrés (como la Navidad) La Navidad es una época cargada de ilusión, encuentros

Leer más »

Píldoras para ti: ¡Escucha nuestro podcast!

¿Te duele el cerebro porque te sientes perdido/a?
¿Te duele el cerebro porque sientes que no te alimentas correctamente?
¿Te duele el cerebro porque sientes que no llegas a nada?
¿Te duele el cerebro porque sientes que tu ansiedad te ahoga?
¿Te duele el cerebro porque sientes que necesitas hacer algo diferente con la crianza de tus hijos?

Te presentamos tu analgésico natural en forma de podcast.

habitos de vida saludable

¡Apúntate a nuestra newsletter y entérate de todas las novedades!

Compártelo en

También te podría interesar…

¡Apúntate a nuestra newsletter y entérate de todas las novedades!